La Grecia Antigua era una sociedad patriarcal, es decir, era el hombre quien se encargaba de los temas familiares o políticos, ya que la mujer debía de permanecer esperando a su marido y manteniendo el orden de la casa. Cocinaban, tejían, cuidaban de los hijos, etc.

La costumbre dictó una limitación del tiempo que debían durar las visitas femeninas. Se veían también en eventos públicos, como bodas o incluso entierros, aunque las reuniones más frecuentes entre el sexo femenino tenían lugar en las fuentes ya que estos eran públicos y allí acudían diariamente a por agua; solo los griegos más ricos poseían pozos propios.

Debían soportar también que sus maridos cometieran
todas y cuántas infidelidades desearan, sin tener que someterse a la justicia. En cambio, en la mujer no estaba bien visto la infidelidad. El marido poseía el pleno derecho de repudiar a su mujer cuando éste quisiese y sin motivo aparente, al contrario que la mujer, que debía solicitarlo con antelación, mostrando y explicando los motivos consecuentes a este desacuerdo.
En resumen, podemos hablar de una clara discriminación de la mujer tanto en el ámbito político como social, ya que la participación de ésta en la sociedad era prácticamente nula, al igual que los esclavos, los niños y los extranjeros. En cambio, los hombres poseían el derecho de participar en la vida pública, actividades económicas, etc.
MARIA MILLA GUIRAU
3º ESO-A (Cultura Clásica)